sábado, 4 de octubre de 2008

LÍMBICO




Tenía muchas ganas de ir al baño, estaba en un hotel y era urgente encontrar donde. Al fin, en un pasillo vi una puerta con el signo de Damas. La abrí apresuradamente batallando con la mujer que lo limpiaba quien, no me quería dejar entrar. La empuje para afuera, me senté y respire aliviada cuando terminé.
Me puse de pie, cuando escuche un ruido extraño dentro la poceta. Un glu-glu-glu grueso se estaba moviendo en el agua. Había algo allí dentro que trataba de salir. Me separe un poco y vi como desde el fondo se empujaba una especie de ave, sin plumas, las alas cocidas al cuerpo, con la piel lechosa, cubierta por varices sanguinolentas. No tenia ojos, ni pico y la cabeza estaba sellada por una membrana, que la hacia parecer como una máscara plástica. Torpemente, desenrosco su cuello, se impulso hacia arriba y aparatosamente confundida, salto al piso, balanceándose agresivamente sobre sus dos patas. Yo asustada, más bien, aterrada, la esquivaba mientras continuaba escuchando el ruido acuoso en el fondo de la poceta. Vi entonces a un segundo animal igualmente lampiño, ciego, erizado por hinchadas venas rojas, que forcejaba por hacer lo mismo, salir del agua. Ya el baño estaba hediondo a carroña, grasosa, ácida como un vómito. Me pegue a la pared, estaba atrapada en el lugar, los animales lo ocupaban todo, desplazándose en un bamboleo agresivo y torpe, chocando entre ellos. Fui arrimándome a la puerta, trate de abrirla pero desde afuera algo me lo impedía. Mi desespero me hizo más fuerte, logre empujarla y salir despavorida, ante la mirada castigadora de la mujer que guardaba el baño.
Atrás quedo todo, ella y esos animaloides que no puedo quitarme de la mente.

4 comentarios:

María Antonieta Arnal dijo...

Esto parece un sueño

Anónimo dijo...

Buen cuento, pare hacer un cortometraje

Silvia dijo...

Desde Uruguay saludos para un blog original.

moniqueen dijo...

Qué angustia!