miércoles, 26 de octubre de 2011

Los 100 años de la Biblioteca Pública de Nueva York



La visita a la sede de la Biblioteca Pública de Nueva York (New York Public Library), es un imperdible de la ciudad, especialmente en este año de su centenario .

Construida en 1911, sobre la calle 42 y la 5º Avda., exhibe la exposición “Celebrando los 100 años”.

La muestra ratifica la premisa de sus fundadores “todo conocimiento debe ser preservado”. En ella se exhiben desde documentos venerados , hasta materiales y objetos que reseñan la vida cotidiana de personajes anónimos.

“Si el diablo en persona escribió un libro, querríamos tenerlo en la biblioteca”, dijo una vez Edwin Hartfield Anderson, su Director entre 1913 y 1934.

La muestra es deslumbrante . Primero por su eclecticismo. No sigue un guión curatorial clásico . Su museología rompe los esquemas. No solo exhibe libros, manuscritos, plumas o fotos de escritores, sino también tiene un toque pop y muestra objetos como el bastón de Virginia Woolf o los peluches de la colección de cuentos de Winnie-the-Pooh.

Segundo, no es un resumen triunfalista de nuestra cultura. Se exhiben también piezas que identifican baches dolorosos de la historia compartida, la primera edición integrada de “ Mein Kampf “ y un traje de un miembro del Ku Klux Klan.

Su museografía juega con yuxtaposiciones y contrastes dramáticos buscando generar diálogos que atraviesen tiempos y lugares.

La exposición con el lema “descubre, conecta, inspírate”, está estructurada en ejes temáticos: Observación, Contemplación, Creatividad y Sociedad.

No es difícil imaginar las largas discusiones entre los investigadores, quienes bajo la Curaduría de Thomas Mellins, tuvieron que seleccionar un poco más de 250 artefactos entre decenas de millones de piezas.

De esta manera la BPNY ofrece al gran público, de manera gratuita, un tesoro de piezas únicas que reseñan la tradición de un coleccionismo conducido con criterio amplio e incluyente. Desde una selección de tabletas cuneiformes Sumerias(c.a. 2300 BC) , culminando con una selección de los 740.000 items de su galeria digital.

La exposición nos lleva de sorpresa en sorpresa. Desde el manuscrito del cuento “La Lotería en Babilonia” de J.L. Borges, bordado con sus minúsculas anotaciones al margen, a la Biblia de Gutemberg , la carta de C. Colon (1493) relatando su encuentro, los apuntes de E. Hemingway y el “Bhagavata Purana”, el “Inferno” del Dante, el maletín de Malcom X y el mechón de cabello que Mary Shelly –autora de la novela Frankenstein o el Moderno Prometeo– le envió a Thomas Jefferson.

De paso te deleitas con la letra de la popular canción “Lover Man”, manuscrita por su compositor y saxofonista John Coltrane y el libro más antiguo conocido de los impresos en el hemisferio ’Doctrina Breve’, de Juan de Zumárraga entre 1543 y 1544, en Tenochtitlán, hoy Ciudad de México.

Estas piezas incunables están colocadas al mismo nivel de importancia que los pines de la lucha por los derechos civiles y los decorados carnés de baile del siglo XIX.

En fin, y en principio, esta selección de obras, muestra y demuestra la importancia del trabajo institucional y la consolidación de los pilares de la cultura con su compromiso de brindar a los ciudadanos un alimento para su inteligencia, su creatividad y su conciencia histórica.

Es imposible no hacer la comparación con la actual situación de nuestro Instituto Autónomo Biblioteca Nacional.

Hace ya algunos años, Virginia Betancourt, quien la dirigió de 1974 al 1999, al ser entrevistada por A.M. Hernández para El Universal, denunció el cambio de uso al cual han sometido a la institución, desapareciendo no solo sus colecciones sino sus servicios.

Preguntó la periodista:

“-¿A qué se refiere ese cambio de uso?-Lo que quiero plantear es que todo esto forma parte de un proyecto mucho más complejo, y no creo que se trate solamente de destruir unos libros o quemarlos o convertirlos en pulpa de papel. Implica cambiar la naturaleza de la biblioteca pública, no solamente de la colección sino de su función.

-¿Por qué podría ocurrir?-Porque la biblioteca pública es la biblioteca detestada por todos los regímenes totalitarios o dictatoriales. En la Unión Soviética no había bibliotecas públicas, ni en Cuba, yo fui y no la había. La biblioteca pública es el único servicio público en el que durante muchas horas al día pueden encontrarse personas de distintas clases sociales, de distintas edades, de diferentes intereses bajo un mismo techo y aprender a convivir. Porque si vas a un hospital, están los enfermos; si vas a la iglesia, están los creyentes; si vas al cine, está la película. Mientras que una biblioteca pública es el sitio más abierto”.

Esta visita la BPNY, reforzó mi indignación por la irresponsabilidad, ineficacia y corruptela de los actuales líderes políticos, no solo por lo que nos han arrebatado sino por negarnos el acceso a las fuentes del conocimiento convirtiendo a todo el país en damnificados culturales.

http://www.youtube.com/watch?v=X4B9eXdlv8o



domingo, 23 de octubre de 2011

Alejandro Varderi, escritor

“Para Enrique y Graciela, estas anotaciones de una pasión compartida. Con el recuerdo de Alejandro. NY, Oct. 11”


 Con estas líneas Alejandro Varderi nos dedicó su nuevo libro, “Los vaivenes del lenguaje: Literatura en movimiento”*, que será presentado el 28 de este mes, en McNally Jackson, una de las pocas librerías que sobreviven en Nueva York.

 Alejandro, es un creador. Un intelectual que vive su venezolanidad, amalgamada a su saga catalana, sembrado en las páginas de Nueva York. Un educador, investigador y escritor incansable.

 Alejandro Varderi nació en Caracas, 1960. Fue parte del movimiento de escritores que crecieron en las dos últimas décadas del s. XX. Participó en el Taller de Antonia Palacios y fue miembro del equipo editor de La Gaveta.

Hoy tiene más de 20 años viviendo, enseñando y escribiendo en Manhattan. Es profesor titular de Estudios Hispánicos en The City University de New York y su lista de publicaciones es extensa y variada. Las más recientes son “Viaje de Vuelta” ( novela 2007) y “A New York State of Mind” (ensayo 2008).

 En “Los vaivenes del lenguaje: Literatura en movimiento”*, Alejandro Varderi se pasea por las obras de otros escritores cual viajero informado que describe sus encuentros, se sorprende ante los de los demás y los integra con la erudición del académico, sin perder la capacidad de asombro del inquieto narrador.

Son 36 ensayos, crónicas variadas publicadas en revistas especializadas o periódicos de España, Venezuela y Estados Unidos. Entre sus páginas se siente el peso de la territoriedad que se mece en sus cadencias como una plataforma intimista que, a pesar de los cambios, le permite trasladarse a las profundidades del sentimiento.

Su pensar es tan definitorio que aunque trate de esconderlo se le escapa y, como él, con su herencia de viajero, atraviesa continentes. Es fácil reconocer sus afectos, sus temores y sus banderas. El dolor de la partida, pero también el placer del re encuentro, del regreso, del reconocerse en la memoria.

Conversar con él, en su casa, una tarde de domingo, fue un privilegio. Alejandro comenta el cierre de las grandes casas de ventas de discos y sobre todo de las librerías.

 -Ya quedan pocas en esta ciudad. Hemos perdido la oportunidad de sorprendernos ante los tesoros expuestos sobre sus mesas o sobre sus estantes. No viviremos más esos maravillosos ratos deambulado por sus pasillos como si fuesen calles de ciudades imaginarias.

 - Antes -continúa- ibas a ver qué encontrabas. Ahora vas a los recursos de internet buscando algo un titulo, un autor en especial. Ya no sucede ese deambular creativo y amigable.

 - Añoro ese desfile de carátulas, de portadas, de tipografías, tamaños -concluye- hemos perdido, quizás más de lo que hemos ganado. Alejandro cuenta las tardes pasadas en casa de Antonia Palacios o revisando la biblioteca de Oswaldo Trejo.

- Recuerdo mis años de formación cuando iba a casa de mis maestros y compartía con ellos sus tesoros. Cuando, con gran generosidad sacaban sus libros y me los prestaban diciéndome cuál me podría ayudar o cuál me iba a gustar.

 Saboreando una mimosa estupendamente bien preparada, me pregunta Alejandro:

- ¿Sabes otra cosa que extraño profundamente ante la afluencia de tanta tecnología?, el que ya no hay bibliotecas en las casas, tampoco colecciones de discos. Te cuento que yo soy de los que aún uso mis cassettes. Antes, uno entraba en una casa y podía, viendo los libros y los discos, conocer una parte importante de la personalidad y los intereses de quien allí vivía. Ahora ya no. Solo ves un aparatito mínimo que tiene toda su música y otro un poco más grande, que tiene sus libros.

 - Soy de los que pienso aún en el libro como un objeto. ¡Se disfruta de tantas formas!. Se ve, se lee, se toca, se huele. No los cambio por toda la agilidad digital. Reconozco las ventajas de la tecnología, pero también sus limitaciones – afirma cerrando el tema .

 Alejandro Varderi es muy ordenado y disciplinado. Ha reconstruido su apartamento en un famoso conjunto al nor-oeste de Manhattan. Sin sucumbir a los encantos de las cocinas modernas, mantiene en uso su estufa original de los años 30.

Todos los días amanece trabajando con rigor. No se separa de su VAIO. Ante su pantalla pasa horas mientras escribe viendo al  Hudson .

 -¿Cuándo presentarás tu nuevo libro en Caracas?

 - Espero hacerlo pronto. Sé que va a ser muy fuerte este nuevo encuentro. Ya no estarán muchos de mis amigos queridos. Unos por que han muerto, María y William, otros porque se han mudado de país.

 Se queda en silencios por unos segundos y continúa:

- Pero me reconforta saber que compartiré con Patricia y Nicolás, Nella y Antonio, Yolanda, Federico, Mariela y Alfredo, y que podré conocer nuevos colegas. Porque es interesante el movimiento de nuevos talentos que está surgiendo en Venezuela.

 En fin, Alejandro deja percolar sus añoranzas:

 -Siento que las presencias, las ausencias y los recuerdos viajan con más rapidez que antes. Así como estamos perdiendo libros y discos, estamos perdiendo nuestros seres queridos.


 *”Los vaivenes del lenguaje: Literatura en movimiento” Ediciones Libertarias. Madrid. 2011. 236 páginas.

martes, 11 de octubre de 2011

LABERINTOS de Perán Erminy


A primera vista, la muestra LABERINTOS * pareciera ser una exposición de varios artistas.

En el recorrido por las salas se disfruta de un muestrario de diferentes estilos de la expresión plástica.

En un montaje distribuido por confluencias, sin títulos y sin fechas de creación, el espectador tienta a su memoria tratando de identificar a los autores con el riesgo de perderse en el laberinto del tiempo.

Sin embargo, el artista es uno, Perán Erminy. Y estas obras expuestas, realizadas a manera de anotaciones muy personales, han vivido en la intimidad de su casa, durante más de cinco décadas .

La muestra LABERINTOS, además de poseer un cierto toque de voyeurismo, está conformada por 90 obras de pequeño formato, de lenguaje dúctil y con gran dominio de la técnica. Al través de ellas podemos asomarnos a la obra de un artista que se da el gusto y el lujo, de pasearse en el plano bidimensional, sobre tela o papel, en una variada calistenia estilística, conviviendo con los más diferentes lenguajes plásticos, desde el informalista, el artista popular, el abstracto geométrico, el puntillista, el impresionista hasta el surrealista.

Y si queremos etiquetarlo en las corrientes contemporáneas, podríamos decir que Perán se muestra como un post moderno artista ‘apropiacionista’, con obras donde el Perán pintor plantea retos al Perán critico.

Perán Erminy es siempre parte de un público activo en todos los eventos artísticos y culturales. Su presencia es frecuente, solidaria y al mismo tiempo contestataria. Sus intensas y extensas intervenciones han sido y son una constante en los cineforos, seminarios, conferencias, especialmente en artes plásticas y cine.

Dicen algunos que para escribir sobre arte hay que haber vivido la ansiedad que se siente ante una tela en blanco y ante una página vacía.

Quizás por eso Perán ha sido fecundo dialogador e íntimo artista . Mientras promovía y batallaba, pintaba y escribía . Quizá fue ese pudor del crítico lo que le hizo ocultar estas obras en su casa y no pensar en mostrarlas.

Si algo le es familiar a Perán han sido las contradicciones. El difícil rol del crítico sometió a su alma de artista a los juicios más severos.

La Arq. Mariela Provenzali , curadora de la exposición, escribe en la presentación: “Para Perán Erminy, las obras que aquí se exponen no fueron realizadas para que otros la vieran, sino para sí mismo, lo cual estrecha el vínculo con lo psicológico que, en su caso, adquiere una dimensión hermética en la exploración permanente de su propio laberinto”.

Un laberinto tiende a confundir, a esconder, a dificultar el camino, en este caso, sucede lo contrario, nos conduce a explorar una vida de múltiples experiencias.

El texto de Fernando Rodríguez es una buena linterna para guiarnos :

“En todas partes, aún en las manifestaciones más
precarias del arte, Perán ha estado sosteniendo lo insostenible: el arte ingenuo y desatendido, el cine club sin instrumentos mínimos, el festival provinciano y paupérrimo.
Ese hombre de acción, ese promotor solitario que
sólo cuenta con sus neuronas y sus manos debería
merecer todos los laureles, por esos ya largos decenios
de apasionada entrega de su ser a sembrar la cultura en
tierras agrestes”.

En el catálogo están reproducidas a color todas las obras expuestas, además de una cronología realizada por la curadora Provenzali .

A manera de marca-libros, se incluye una selección de textos de sus amigos y colegas, reseñas que completan las diferentes facetas de Perán Erminy.

LABERINTOS es una exposición que aunque algunos la calificarán como alejada del ‘main stream’ de las artes contemporáneas, la considero histórica y necesaria, esas que han dejado de hacer nuestros museos y que son indispensable para completar el engranaje del desarrollo de las artes plásticas en Venezuela.

Felicitaciones a la Fundación BBVA Provincial por este esfuerzo curatorial.

*LABERINTOS - 7 de octubre a 4 de diciembre de 2011- Lunes a Viernes 10:00 a.m. a 3:30 p.m. |Domingos 11:00 a.m. a 3:00 p.m.-Fundación BBVA Provincial Avenida principal de La Castellana, cruce con calle El Bosque, Edificio Provincial, piso 3, Urbanización La Castellana, Caracas.

martes, 4 de octubre de 2011

MARGARITA EN UNA LÁGRIMA

Un accidente de tránsito se llevó al escultor Valentín Malaver, estudiante de los orígenes de las formas y creyente en la fuerza noble de la materia sólida



Foto: Mariela Provenzali


Valentín Malaver nació en Guarame, Nueva Esparta, en un valle donde el sol se bate entre las nubes y reverbera sobre las piedras.

El pasado martes la camioneta donde viajaba se volcó en la carretera de Barcelona, justo cuando venía de dejar su obra para participar en la bienal de Maturín.

Valentín era alto, muy alto .Con un perfil agudo, muy agudo. Una nariz como la ‘V’ de su presencia valiente, como el pico de un ave, alta, fuerte, cimbrada por el esfuerzo de cavar las rocas. Era moreno como su tierra y gentil como sus palmas. Gran estudiante de los orígenes de las formas y creyente en la fuerza noble de la materia en su estado sólido.

Al trabajar las piedras, las tallaba con la furia del creador y la fe del batallador. Las concluía con el cariño del padre y la reverencia del sacerdote.

Con estudios superiores de artes plásticas, fue profesor y orientador de muchos jóvenes quienes encontraron en él al guía generoso y respetuoso.

Ya tenía un honroso curriculum de exposiciones y premios que lo consolidaba en la plenitud de su carrera profesional como escultor.

Si algo lo definió como ser humano fue su bonhomía, su compromiso solidario de promotor del arte y de la cultura en su terruño sin fronteras.

Su casa taller es también parte de su obra . Durante años estuvo construyéndola. Se mudó al cielo cuando esta ya estaba lista.

La tenía diseñada tal como la soñó desde su casita de madera montada en el árbol más alto de su patio.

Fue labrándola poco a poco, parecía no tener apuro. Todo lo que ganaba lo invertía en estos espacios que, entre sus desniveles siempre había una ventana abierta al mar y a la montaña.

Allí tenía su gran terraza, balcón abierto para sus amigos colegas y familia. Allí sonaba la música, se tomaba con fe y se comía con sabor margariteño.

Sus mejores amigos dejaban sus señas. Las huellas transparentes de los vitrales de Gladys Meneses, las etéreas maderas de su profesor Pedro Barreto, las líneas calcadas en sus paredes, de Gustavo Pereira, la puerta de Goyo Torres y las pinturas de Manuel Espinoza.

Allí siempre alerta y solidaria, su esposa y compañera de siempre, Ofelia.

Muchas tardes conversamos en esa terraza cuando el atardecer llegaba con una brisa calma. Hablábamos de arte, de los artistas, de aquellos amigos que las olas de estos tiempos habían alejado y de otros que siempre estarían cercanos. De su viaje a Paris, de Rodin, Giacometti y otros grandes maestros. También del pan y del vino.

Subía el volumen de la música de Aquíles Baez que se expandía en el paisaje, mezclándose en un estupendo coctel con el cazón y las empanadas.

Me contaba Valentín, que en las mañanas, frente al sol del este, en sus barandas se posaban los alcatraces y se secaban las alas las gaviotas.

También comentábamos sus últimos trabajos, sus nuevos formatos. Le preocupaba no traicionar nunca el tamaño de sus obras por la posibilidad de moverlas a lugares remotos. Las piedras grandes, pesadas, de dificultosa movilización jamás impedirían su compromiso de hacerlas florecer, de convertirlas en figuras zoomorfas del imaginario caribeño. De ellas surgían seres mágicos que bien podían ser los ancestros de los pelícanos, los crustáceos o tesoros de la arqueología local . Fósiles o florescencias encajadas en lo profundo de la materia.

Sus obras alcanzaban superar la carga de la piedra, logrando elevarlas como las aves, hacerlas nadar como los peces o hundir las conchas en las cárcavas de la piedra serpentina, que era la que siempre tenía a mano.

Valentín deja un mundo de formas labradas, rústicas o pulidas, de gran, mediano y pequeño formato, que para siempre poblarán espacios públicos y colecciones importantes.

El calor, la sequía, el salitre y el silencio del Guayamurí continuarán celebrando para siempre su talento, su compromiso con el arte y su corazón de margariteño.

Porque ahora Valentín es eterno. A su memoria va esta nota. Por el amigo que creó formas maravillosas que se transmutan entre el aire y el mar, sobre los matorrales y entre las nubes donde él está ahora .

Su tiempo en la tierra concluyó, el de sus piedras permanecerá, “como árboles que se niegan a morir, en un gesto que simboliza la esperanza de la vida futura en la madre tierra, actualmente amenazada por el persistente deterioro de su medio ambiente” así escribió Valentín Malaver en el catálogo de su reciente exposición: “Naturaleza Imaginada”, Sala Fundación BBVA, Caracas.

http://valentinmalaver.blogspot.com/
http://www.youtube.com/watch?v=vLSQohm0Lk0
(Columna publicada el 4/10/11 en www.codigovenezuela.com )