domingo, 24 de enero de 2010

MEMENTOS



En la cercanía de estas fechas “revolucionarias” no puedo dejar de reseñar el concierto que se realizó el pasado 20 de enero, en el Teatro La Zarzuela de Madrid, en “Homenaje a la Voz de América”.

Producido y auspiciado por la Secretaría General Iberoamericana, el Ministerio de Cultura de España, la Agencia Española de Cooperación, con el apoyo especial de la Fundación Autor, la Embajada de Argentina en España, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, los artistas se presentaron bajo un doble paragua, celebrar a Mercedes Sosa y recabar fondos a beneficio de Haití.

Después de las palabras de la Ministra de Cultura de España, con voz muy débil y el de E. Iglesias, con mayor acento político, se inició el espectáculo presentado por el uruguayo, Sancho García. El programa de mano, que no anunciaba la fecha del evento, reprodujo los discursos y los bios de quienes le cantarían a la VOZ DE IBEROAMÉRICA

La participación de un grupo de artistas, que seguramente siguió un particular criterio de selección, pues hubo graves ausencias, tuvo gran convocatoria y la noche transcurrió a sala plena, como un sentido deja-vu de los años 70 y 80.

La presencia de Mercedes Sosa en la historia de la música comprometida Latinoamericana es de indiscutible fuerza. Con ella se cantó contra las dictaduras y a favor de los movimientos sociales que luchaban por la libertad y la justicia.

Escucharla hoy, cuando procesos alabados en aquella época, son tiranías, duele constatar que sus canciones ayer innovadoras y justas, se convierten, años después, en banderas útiles al oportunismo político/ cultural.

Opus Cuatro, de la Argentina, Pedro Guerra de Las Canarias, Tania Libertad peruana, residenciada en México, Joan Manuel Serrat y Ana Belén entre los grandes de España, interpretaron tres piezas cada uno, sin bis posible, cumpliendo fríamente y a cabalidad su rol de interpretes de las canciones y recuerdos anecdóticos que los vinculaban con La Negra. Si entre ellos se destacó alguno, fue Tania Libertad, pequeña en tamaño y fuerte, transparente, apasionada en su voz.

Salimos del espectáculo, con la vena sesentosa removida. Imposible no sucumbir ante los recuerdos y evocaciones de esos años de lucha, confrontados esa noche con la realidad, sintiendo como se habían vaciado sus letras, convertidas en remedos manidos de aquellos años de sinceras luchas, de protestas que aun nos las baten contra la calle.

Definitivamente, con canciones no se ganan batallas.

2 comentarios:

SLeN dijo...

Ideales perdidos...
Que bueno tenerte de nuevo por aquí.
SeLene

Anónimo dijo...

En los sesentas yo tenía la seguridad que para los primeros 2000, nuestros países, serían parte de lo que llamamos el primer mundo. Y mira como estamos, resulta que ya no podemos echarle la culpa al los imperios, no se puede dar la misma razón por tantos años, so pena de pasar por estúpidos o claramente ineptos.
Una suramericana