sábado, 15 de noviembre de 2008

ROYAL COPENHAGEN


En un país llamado Dinamarca, en la ciudad de Copenhagen, esta TIVOLI, un hermoso y antiguo parque de diversiones.

Allí había un árbol grande con sus ramas abiertas al cielo en forma de una gran copa, estaba acostumbrado a estar siempre muy elegante en el centro de la plaza. Pero, era un árbol triste. Hacia tiempo que los pajaritos no se paraban en sus ramas. Se estaba quedando solo y seco.

Un día, cuando paso la Nube, le pregunto:
-¿Sabes porque no hay pajaritos que se quieran parar en mis ramas?
La Nube, se detuvo un rato para pensar y le respondió:
-Es que te ves siempre allí, parado, muy cómodo, arregladito, muy seguro de tu belleza como si no te hiciesen falta. Ellos, tienen miedo de molestarte y que tu los sacudas para que no te desordenen tus ramas.
-¿Y que puedo hacer?, dijo con interés.
-Le preguntare al Viento, el es especialista en eso, le respondió la Nube.

Se fue y al poco rato regreso acompañada del Viento quien trajo fuertes sacudidas. Hacían mucho ruido. Movían y desordenaban todo su ramaje. El árbol escuchaba los quejidos de sus hojas y los ronquidos de su tronco que protestaba de tanto dolor.
Asustado, le pregunto:
-¿Qué pasa, Nube, que quiere decirme el Viento?
- Quédate tranquilo y escúchalo- le gritaba la nube-no debes ser rígido, dejate llevar por su empuje, se flexible y atiende lo que pasa a tu rededor. Debes moverte, buscar, hacer algo para que vengan los pajaritos. Baila con él, espera y ya veras que algo bueno te va a pasar.

Cuando se fueron la Nube y el Viento, el árbol se tranquilizo, Pensó que tenían razón. Era mas importante que los pajaritos vinieran a visitarle que ser el árbol perfecto sin que nadie lo alterase. Hablo con sus ramas y con su tronco explicándoles lo que había pasado y que deberían hacer. Ellos comprendieron porque también se estaban sintiendo solos, se sacudieron alegremente y se pusieron alertas.

Y así fue, poco a poco los pajaritos volvieron, y el árbol no temió que desordenaran sus hojas, movieran sus ramas o rascaran su tallo.

Los aceptaron y compartieron todos los cambios hasta que ya no hubo más tristeza ni soledad en el árbol más grande del parque de TIVOLI en Dinamarca.

2 comentarios:

María Antonieta Arnal dijo...

Muy bonita historia... Te conmueve y te hace reflexionar.

Edgar dijo...

muy buen blog amigo. felicitaciones

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Edgar