martes, 4 de noviembre de 2008

SUEÑO

Maria Teresa Hincapié. Por mi raza habla




Era la madrugada. Escuche el eco de un aleteo y sentí más ligera la brisa que entraba por la ventana.
Presentí que vendrían a buscarme.
No tenía mucho que arreglar, me puse una dormilona limpia, me alise el cabello, estire la sábana, ahueque mis sus almohadas y espere.
Al rato, vi entrar una luz maravillosa que me ilumino con un gran frescor, envolviéndome en un perfume de nubes.
Sentí que un abrazo, fuerte, decidido, me tomaba por la cintura, alzándome con firmeza. Tranquila, me deje llevar.
Con parsimonia, suavemente, fuimos flotando entre las nubes.
Nos elevábamos en un espacio donde no había antes ni después, compartiendo una maravillosa sensación de liviandad.
A medida que iba subiendo, veía aluzar sobre el horizonte, y en un vaivén vaporoso, sentía que me desprendía de algo muy pesado.
Di la vuelta para mirar atrás cuando un tibio aliento me susurro:
-Soy la vida que te espera.
Desperté y aun sentía esa voz que me recordaba que había llegado de otro lugar y que volvería a empezar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta mucho. 'soy la vida que te espera' es una frase luminosa y soprendente en el contexto del sueño.

María Antonieta Arnal dijo...

La verdad, parece como si hablarás de la muerte. En el momento justo en que se deja este mundo. Si son personas creyentes en Cristo... Es el mismo Cristo el que nos viene a buscar...

Mariela dijo...

Comenzaste un nuevo capítulo en tu vida, donde nada te ata y al fin puedes soñar o más bien, escribir o hacer lo que sueñas o fantaseas...
Bellísimo, sigue escribiendo, eres una caja de Pandora, uno te va descubriendo...